Hay cartas que nos emocionan. Y hay cartas que, además, se convierten en parte de la historia del Hotel Tigaiga.
Hace poco recibimos un mensaje de nuestro querido huésped Helmut Bader, quien junto a su esposa descubrió el Tigaiga por casualidad en septiembre de 1987. Un agente de viajes en Alemania les recomendó no alojarse en el sur de Tenerife, sino buscar el verde y la tranquilidad del norte. Una llamada al Tigaiga bastó para que comenzara una relación que se prolongaría durante más de dos décadas.
Su primera habitación fue la 123. Y allí regresaron una y otra vez. De hecho, durante 21 estancias disfrutaron de la misma habitación, que terminó convirtiéndose en una segunda casa para ellos.
En su carta recuerda con cariño a tantas personas que han formado parte del Tigaiga:
Luis, que les dio la bienvenida con una copa de jerez; Rafael, el inolvidable maître que los acompañó durante años; Doña Gisela, que sorprendía a su esposa con bromelias y plantas para llevar a Alemania; o el doctor Acevedo, siempre dispuesto a ayudar cuando surgía algún problema de salud.
También revive momentos compartidos con otros huéspedes, las conversaciones al atardecer en el Tinguaro, las excursiones por la isla alejadas de los circuitos turísticos tradicionales, las puestas de sol contempladas desde la terraza y las amistades que nacieron entre jardines, cenas y piscinas.
Entre sus recuerdos aparecen también miembros de nuestra familia que durante décadas han trabajado para mantener vivo el espíritu del Tigaiga: Doña Elena, a quien define como «la gran dama de la casa»; Ursula, con sus paseos y explicaciones por los jardines; Irene, compartiendo los esfuerzos y proyectos que hicieron posible los reconocimientos obtenidos por el hotel; a Enrique junior mostrándole con entusiamos las instalaciones tras una de las reformas y a Don Enrique compartiencon él conversaciones sobre los proyectos de mejora y los retos que suponía seguir desarrollando el Tigaiga respetando su filosofía y el paisaje que lo rodea. Al leer sus palabras comprendemos una vez más que un hotel es mucho más que un edificio. Son las personas, los encuentros, las conversaciones y las experiencias compartidas las que construyen recuerdos que permanecen para siempre.
Querido señor Bader: sus recuerdos forman parte de su vida, pero también forman parte de la historia del Tigaiga. Gracias por haber confiado en nosotros durante tantos años y por compartir con nosotros este maravilloso viaje por la memoria. Cartas como la suya nos recuerdan por qué hacemos lo que hacemos.
Con todo nuestro cariño, familia Enrique Talg y todo el equipo del Hotel Tigaiga