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	<title>Hotel Taoro &#8211; Tigaiga</title>
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	<description>Hotel &#38; Suites</description>
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	<title>Hotel Taoro &#8211; Tigaiga</title>
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		<title>Un hallazgo con aroma a historia de Agatha Christie</title>
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		<dc:creator><![CDATA[it]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Nov 2025 10:56:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Amigos & Clientes]]></category>
		<category><![CDATA[Familia Enrique Talg]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><em>Con motivo del Festival Agatha Christie (organizado por el CIT Puerto de la Cruz), que esta semana llena de misterio y cultura las calles de nuestra ciudad, queremos compartir un pequeño hallazgo que nos ha transportado al pasado del Gran Hotel Taoro y, con él, a los primeros pasos de la historia de nuestra familia en Tenerife.</em></p>
<p><strong>El perfume del tiempo</strong></p>
<p>Cuando empieza la 10ª Edición del Festival Agatha Christie en el Puerto de la Cruz, el aire parece más denso, como si trajera consigo los ecos de una época antigua. Entre las palmeras de los jardines del Taoro, el rumor de los pasos de los antiguos huéspedes se mezcla con la brisa del Atlántico.<img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-medium wp-image-16733 alignright" src="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/11/ac-taoro-300x227.jpg" alt="" width="300" height="227" srcset="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/11/ac-taoro-300x227.jpg 300w, https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/11/ac-taoro.jpg 640w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p style="text-align: left;">Fue allí, en aquel hotel majestuoso que dominaba el valle, donde Agatha Christie encontró sosiego y misterio a partes iguales. Y también allí, entre los pasillos del Taoro, trabajó un joven gerente alemán, Enrique Talg Schulz, que algún día levantaría su propio sueño sobre esta misma colina: el Hotel Tigaiga.</p>
<p style="text-align: left;">Era en el espacio que se conoce como jardín Carolina, donde el personal del Gran Hotel se cambiaba antes de comenzar su jornada;  transcurrían allí los días entre el bullicio del servicio y el murmullo de los huéspedes. Hoy, ese rincón es silencio y vegetación, pero hace poco nos regaló un secreto.</p>
<p style="text-align: left;">Al remover la tierra en los ultimos años, aparecieron botellas antiguas, cubiertas por una pátina del tiempo, como si hubieran estado esperando a ser halladas.Son botellas transparentes con el frontal grabado en relieve en el propio cristal con letras moldeadas en mayúsculas sobrias, tipografía art déco: líneas limpias y espaciado regular.</p>
<p style="text-align: left;">En una aún se puede leer el nombre Ed. Pinaud, la firma parisina fundada en 1830 que perfumó la Belle Époque con colonias y lociones elegantes, usadas en barcos y hoteles de lujo de medio mundo.  Quiza esa botella perteneció a una camarera que soñaba con oler a rosas  en lugar de jabón, o a una huésped inglesa que escribía cartas perfumadas al caer la tarde. Tal vez, quién sabe, una de ellas dejó su fragancia en el aire cuando Agatha Christie pasaba por el vestibulo, observando con su mirada de novelista el teatro humano que tanto inspiró sus historias.<img decoding="async" class="size-medium wp-image-16739 alignright" src="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/11/ac-taoro-3-166x300.jpg" alt="" width="166" height="300" srcset="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/11/ac-taoro-3-166x300.jpg 166w, https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/11/ac-taoro-3.jpg 354w" sizes="(max-width: 166px) 100vw, 166px" /></p>
<p>En otra botella, descubrimos el texto en letra  transparente de Crusellas y Cía., elaborada en La Habana. Su forma redonda y su vidrio claro revelan que fue fabricada entre 1910 y 1930, una época en la que la casa Crusellas comenzó a producir envases más delicados para resaltar el color del perfume.  Contenía una de sus fragancias más populares: “A la Flora Cubana”, una colonia floral que cruzó océanos llevando consigo el exotismo del Caribe.</p>
<p>Pensar que esos frascos descansaron en el entorno del antiguo Taoro, donde Agatha Christie respiró inspiración y Enrique Talg soñaba con su futuro hotel, nos llena de asombro. Tal vez una de esas esencias perfumó un tocador, una carta o un instante que se perdió en el tiempo.</p>
<p>Hoy, esas botellas reposan de nuevo entre nosotros, testigos silenciosos de una época en la que el lujo olía a flores, y la elegancia viajaba en frascos de vidrio. En cada hallazgo, sentimos cómo el pasado vuelve a perfumar nuestro presente: un recuerdo vivo entre los jardines del Taoro y el espíritu del Tigaiga.</p>
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		<title>5 de junio: Celebramos el legado de Enrique Talg Schulz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[it]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 05 Jun 2025 10:37:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Familia Enrique Talg]]></category>
		<category><![CDATA[Dia medio ambiente]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Talg]]></category>
		<category><![CDATA[Hotel Martianez]]></category>
		<category><![CDATA[Hotel Taoro]]></category>
		<category><![CDATA[Puerto de la Cruz]]></category>
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					<description><![CDATA[Hoy, 5 de junio, celebramos nuevamente una fecha doblemente especial para nosotros: el aniversario del nacimiento de Enrique Talg Schulz...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hoy, 5 de junio, celebramos nuevamente una fecha doblemente especial para nosotros: el aniversario del nacimiento de Enrique Talg Schulz y el Día Mundial del Medio Ambiente. Una coincidencia que, lejos de ser casual, simboliza perfectamente su vida y su legado.</p>
<p>Enrique Talg Schulz fue uno de los pionero del turismo en el Puerto de la Cruz. Con una visión integral del turismo, organizaba rutas turísticas que permitían a los visitantes descubrir los rincones más auténticos y encantadores de la isla. Y como sabía que la cultura es parte esencial del alma de un destino, también impulsaba bailes folclóricos que conectaban a los viajeros con las tradiciones vivas de Canarias. Fiel defensor del entorno natural de Tenerife, aprovechaba las épocas de baja ocupación en el hotel para contribuir activamente a la mejora del entorno. En aquellos días más tranquilos, se dedicaba a plantar palmeras en el parque del Taoro, aportando belleza a este emblemático lugar. <img decoding="async" class="size-medium wp-image-14565 alignright" src="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/06/Captura-de-pantalla-2025-06-05-171754-300x205.png" alt="" width="300" height="205" srcset="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/06/Captura-de-pantalla-2025-06-05-171754-300x205.png 300w, https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/06/Captura-de-pantalla-2025-06-05-171754.png 574w" sizes="(max-width: 300px) 100vw, 300px" /></p>
<p>Posteriormente, fue director del Hotel Martiánez y su labor fue reconocida por el Ayuntamiento del Puerto de la Cruz, que le dedicó una calle con su nombre.<img decoding="async" class=" wp-image-14559 alignright" src="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/06/Captura-de-pantalla-2025-06-04-204652-300x218.png" alt="" width="188" height="137" srcset="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/06/Captura-de-pantalla-2025-06-04-204652-300x218.png 300w, https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2025/06/Captura-de-pantalla-2025-06-04-204652.png 543w" sizes="(max-width: 188px) 100vw, 188px" /></p>
<p>Pero sin duda, su proyecto más personal fue la construcción del Hotel Tigaiga, que abrió sus puertas en 1959. Fue la culminación de su sueño: un hotel integrado en el paisaje, que respetara el entorno y ofreciera una experiencia de calidad a los visitantes. Lamentablemente, Enrique Talg Schulz falleció pocos años después de la inauguración, pero su legado continúa muy vivo en el Tigaiga.</p>
<p>Hoy, en el Día Mundial del Medio Ambiente, recordamos con orgullo a Enrique Talg Schulz y renovamos nuestro compromiso con los valores que él defendió: la hospitalidad, el respeto por la naturaleza y la responsabilidad hacia nuestro entorno.</p>
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		<title>Lope Pérez García: propietario histórico de Las Cuevas recuerda a Enrique Talg Schulz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[it]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 18 Sep 2023 13:43:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Familia Enrique Talg]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[
<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large is-resized"><a href="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2023/10/image0.jpeg"><img decoding="async" src="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2023/10/image0-1024x732.jpeg" alt="" class="wp-image-6851" width="333" height="238" srcset="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2023/10/image0-1024x732.jpeg 1024w, https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2023/10/image0-300x214.jpeg 300w, https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2023/10/image0-768x549.jpeg 768w, https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2023/10/image0.jpeg 1290w" sizes="(max-width: 333px) 100vw, 333px" /></a><figcaption>Hotel Taoro año 1951 / brigada de camareros restaurante</figcaption></figure></div>



<blockquote class="wp-block-quote is-style-default is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow"><p>Él no sabe por qué, pero en la familia de Lope Nicolás Pérez García (Tacoronte, 1932), casi todo el mundo se llama Nicolás&#8230;.Dueño de una memoria prodigiosa, por Las Cuevas pasaron centenares de gentes famosas: premios Nobel, políticos, militares, artistas, obispos.</p><p><strong>-¿Cuál fue tu primer empleo?<br></strong>“Soldaba latas de tomates que se enviaban a Inglaterra. Llegué a hacerlo con mucha destreza y me ponían una cantidad de latas como referencia, que siempre superaba”</p><p><br><strong>-Llegaste a trabajar en el viejo hotel Taoro.<br></strong>“Sí, cuando lo dirigía don Enrique Talg, o sea, en su mejor época. Íbamos de frac, con cuello duro y percherín, aquello era la elegancia personificada. Servíamos el té a las cinco, con una exquisita delicadeza, a un público culto, educado. Muchos eran ingleses”.</p><p><br><strong>-¿En qué año fue eso?<br></strong>“En el 48 del siglo pasado”.</p><p><br><strong>-¿Tuviste maestros?<br></strong>“Sí, claro, tuve varios. Entre ellos, Modesto Castro. Y recuerdo, entre tantos compañeros, a Machín el Piojito, Antonio el Petróleo, los hermanos Brasero, Germán Cantero. Yo terminé siendo jefe de rango y recuerdo con mucho cariño a don Enrique Talg Shultz, que también fue director del Martiánez. Una persona muy educada, con un gran prestigio en la hostelería, prestigio que heredó su hijo, don Enrique Talg Wyss, y que continúa en sus nietos”.</p><p><br><strong>-¿Cuánto tiempo duró Las Cuevas/Casa Lope?<br></strong>“50 años. Desde 1960 a 2010.</p></blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Ver artículo completo  DIARIO DE AVISOS  Conversaciones en Los Limoneros / Andrés Chavez 18 Sept 2023</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href=""></a></p>
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		<title>Don Enrique Talg Schulz</title>
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		<dc:creator><![CDATA[it]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 16 Aug 2022 10:27:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Familia Enrique Talg]]></category>
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					<description><![CDATA[¡Ay, mi Orotava! Anécdotas, curiosidades e historia de nuestra Villa Por Francisco Tray Bousuño 15 agosto 2022 En su obra,...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<h2 class="wp-block-heading" id="jsc_c_1d"><strong><a href="https://www.facebook.com/groups/515448078603331/">¡Ay, mi Orotava! Anécdotas, curiosidades e historia de nuestra Villa</a></strong></h2>



<p class="wp-block-paragraph">Por Francisco Tray Bousuño 15 agosto 2022</p>



<p class="wp-block-paragraph">En su obra, “Antes de que se acabe el tiempo de escribir” &#8211; editada por el Excmo. Ayuntamiento de La Orotava en 2006 -, don José Luis Sánchez Parodi, nos relata sobre el epigrafiado, y nos dice que: </p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Había tomado posesión del Juzgado de La Orotava cuando, a poco tiempo de estar en él, se presentó, en juicio de desahucio por expiración del término contractual, una demanda que interponía el Cabildo Insular de Tenerife contra el arrendatario(inquilino) del hotel “Taoro” don Enrique Talg Schultz, demanda que firmaba el letrado don José V. López de Vergara. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Convoqué a juicio verbal y se personó el demandado, bajo la dirección del letrado don Manuel González de Aledo; por tanto, dos de los principales “espadas” de la abogacía que entonces ejercían en la isla, participaban en aquel importante litigio. La demanda era breve, escueta, y si mal no recuerdo, venía desarrollada, en una extraordinaria y ejemplar síntesis, en folio y medio. </em></p>



<div class="wp-block-image"><figure class="alignright size-large is-resized"><a href="https://tigaiga.com/wp-content/uploads/2022/08/IMG_2357-scaled-1.jpg"><img decoding="async" src="https://blog.tigaiga.com/es/wp-content/uploads/2022/08/IMG_2357-683x1024.jpg" alt="" class="wp-image-6399" width="467" height="700"/></a><figcaption>Enrique Talg Schulz</figcaption></figure></div>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Llegó el día señalado y comparecieron ante mí las partes. Yo era terriblemente formalista, gustaba de aplicar rigurosamente la ley procesal, y había tiempo sobrado para hacerlo, porque, aunque el trabajo no faltaba tampoco era agobiante. Nos constituimos todos con el traje forense (traje de color negro, a la sazón, y con seguridad, los abogados con birrete, gorro plegable, octogonal, y de color negro) en la Sala de Audiencia y, tras ratificarse el demandante (actor), concedí la palabra al demandado para que contestase la demanda: entonces, el señor Aledo comenzó a dictarle al oficial, sentado a la máquina. Ya sé que es una contradicción legal el que, tratándose de un juicio verbal, hubiera de copiarse literalmente la contestación, pero la realidad es que no podía resumirse, pues los letrados podían sostener que se les mermaba el derecho de defensa, un principio elemental del litigante, que todos respetábamos, pues ya supondrán que tal principio no es una creación de la actual Constitución. La parte demandada dictaba y dictaba, y así estuvimos más de hora y media hasta que suspendí para reanudar el juicio a la siguiente semana, sin que el señor López de Vergara retornase más, ya que envió a su sustituto. Proseguía el señor Aledo acumulando hechos y documentando doctrina, y en cada sesión semanal su atronadora voz sonaba en los pasillos y mis oídos, obsesionados, repetían como un eco infinito: “Talg Schultz”, “Talg Schultz”. Por fin, lo que el señor Aledo perseguía y, ocultaba, era lograr un arreglo entre las partes, antes de que se dictase sentencia, y así fue como resolvieron el pleito los dos litigantes (demandante y demandado): mediante acuerdo pactado. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Tiempo después tuve ocasión de conocer personalmente a don Enrique Talg. Era don Enrique un alemán de poco más de cincuenta años, alto y robusto, de ojos claros, afincado en la isla y dedicado siempre al negocio de hostelería. Tenía todas las cualidades típicas de un buen alemán: organización y disciplina, seriedad, espíritu de trabajo y sacrificio y estaba dotado con un gran don de gentes y poder de captación. Ejercía su autoridad, sin ser autoritario, y sugería más que mandaba, hasta el punto que yo lo encarnaba en la línea de los alemanes diplomáticos que, en la línea militar, tan querida en un tiempo por muchos germanos. Conocía su oficio como nadie, y, pionero del turismo en la isla, tenía la habilidad de convertir el hotel en hogar familiar del alojado, que se sentía como en su casa, cómodo y relajado, sin experimentar las dificultades y extrañezas de una vivienda ajena. Esto daba lugar a que sus clientes repitieran todos los años su visita, como si de una gran familia se tratara. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Por aquel tiempo, los abogados, procuradores y funcionarios de los juzgados de La Orotava nos reuníamos los 15 de septiembre, fecha de apertura de los tribunales (apertura del año judicial), a almorzar en un hotel de El Puerto de la cruz. Siempre Leocadio Cuevas Felipe, un querido letrado de la Villa, era el que organizaba, para lo cual se ponía en contacto con don Enrique, que entonces llevaba el hotel “Martiánez”. Allí nos congregábamos más de cincuenta personas, y a mí me parecía que don Enrique destapaba todos los conocimientos del arte de Lúculo y Pantagruel, que hubiesen quedado satisfechos con aquellas insospechadas magnitudes de almuerzos inacabables. Alguna vez, entre plato y plato, yo me acordaba de Brillat-Savarin, aquel genio culinario francés, en el que se daba la coincidencia de que fuera juez de profesión. </em></p>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Ahora, cuando El Puerto de la Cruz es un emporio del turismo y hoteles-rascacielos pueblan sus horizontes, evoco la figura de este alemán que, con un español pronunciado con especial acento, y con esmerada educación, nos abría, de par en par las puertas de su hotel, para hacernos grata la estancia como una silenciosa y atrayente invitación a que un día retornaras. Y por los vahos de mis recuerdos, donde se iluminan los jardines del “Taoro”, o una fuente de agua del “Martiánez”, todavía me parece verlo, dinámico y reposado, sugerente y amable, caminando, despacio, atento y obsequioso, y con una leve sonrisa de despedida entre los labios, como si dijera un hasta pronto&gt;&gt;.</em></p>
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